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Nooductancia y geotelurismo.

La materia plasmática procedente del cosmos y las estrellas ejerce una influencia radiante, electroquántica, sobre las capas de transición de átomos y moléculas.
En la tierra este efecto procede mayoritariamente del fenómeno denominado nooductancia generado por el movimiento y modificaciones estructurales del plasma metálico de la tierra.
El fenómeno nooducto o efecto geomagnético irradia hacia las capas profundas de la tierra y la atmosfera, litosfera, ionosfera, protosfera, magnestosfera, transciende el ámbito de átomos y moléculas e intercomunica la materia inerte con la biología.

Hasta el punto que las modificaciones en el tiempo de las estructuras del plasma metálico están vinculadas a la evolución de la vida en la tierra, pues las membranas celulares de todos los seres vivos son especialmente sensibles a esta vibración.

A efectos prácticos la Tierra se comporta como un  enorme “Imán” cuyo campo magnético se expresa en una doble red de líneas de fuerza superpuestas, denominada Hartmann y Curry, que interactúan con todos los fluidos y tejidos del medio biológico no resultando por lo general perjudiciales a los seres vivos.

El medio biológico de los seres vivos posee la capacidad sensorial de captar las desarmonias, en grados diversos, de las radiaciones telúricas e incluso utilizar esta sensibilidad con fines de supervivencia. Todos los seres vivos hemos aprendido, en mayor o menor grado, a digerir y codificar esta radiación. como ejemplo de esta adaptación tenemos las hormigas y abejas que presentan una especial predilección hacia las confluencias de estas líneas o zonas alteradas, en contraposición a los ammiferos, que salvo algunas excepciones preferimos la estabilidad de las zonas neutras.

 



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